Tuesday, October 19, 2010

EL FÚTBOL SE JUEGA CON LA CABEZA
Claudio Cano Paredes

Galliquio, Farfán y Manco han demostrado que son malos jugadores porque siempre los ampayan. Sin embargo, hay algo en su ADN que los empuja a seguir practicando ese deporte que nada tiene que ver con la pelota de fútbol. Se creen supervivos cuando en realidad con las justas aprueban el examen de palomillas de ventana. Ignoran que solo sirven para correr tras un balón, driblear a un adversario, hacer una huachita espectacular o marcar goles inverosímiles. Tienen habilidades diferentes, poca autoestima y mucho dinero, letal combinación autodestructiva. Solo son buenos jugando fútbol.
Pero, los dirigentes son peores. De organización o administración deportiva saben tanto como de ética. ¿Ignoraban acaso que el hotel donde se alojaron en Panamá era un hostal cinco estrellas que ofrecía servicios completos? Ocurrió lo que tenía que suceder. Se fueron de putas. ¿Y que hicieron los dirigentes para calmar sus angustias? Habría que investigarlos para que también reciban una sanción ejemplar. Al mal hay que extirparlo de raíz.
El mago quedó como el sombrero que habla pero no convence, ni siquiera a su público cautivo. Resultó un experimentado entrenador al que le encanta el chupetín. Además de ser estratega de la pelota, también tiene que ser psicólogo de cabecera de Farfán y Manco dos de los mejores futbolistas de los últimos veinte años y llenos de pesadillas infantiles.
Jefferson vivió sin padre pero creció junto a su madre, a quien ama hasta el delirio, pero la juzga en silencio. Por eso sale a caminar mientras todos duermen y sus pasos terminan en lugares de diversión exclusiva. Por eso allí busca la compañía fugaz, a la bailarina más hermosa y marcar su territorio. De esa forma se exorciza y espanta a sus fantasmas. Es que nadie lo entiende. Es un hombre travieso, un niño grande, infeliz que está pidiendo ayuda a gritos y nadie lo escucha. Su niñez miserable lo atormenta. Alguien a quien le sobra la plata, pero que nunca tuvo calor de hogar.
Manco va de mal en peor. Es un genio con los pies. Un acróbata del balón. Alguien a quien Newton y Einstein odiarían porque desafían sus leyes a vista y paciencia de todos. Pero es casi seguro que este Rei no entienda el significado preciso de las palabras que pronuncia o escucha. Lo comprobaron los holandeses del PSV y más rápido que volando lo devolvieron a su hábitat porque allá desprecian ese tipo de jugadores.
Jefferson y Manco son la mejor expresión del abandono en que se encuentran los niños pobres en este país. Pero niños que no optaron por lo fácil, ser pandillero o terokalero, porque tuvieron a sus madres, que hicieron de todo para alejarlos del hoyo.
No permitamos que estos muchachos se salgan con la suya. Tampoco ayudemos a que se lancen al barranco. Markarian tiene que hacer magia para poder clasificarnos al mundial de fútbol. Pero, primero tiene que ser, además de psicólogo, ese padre ejemplar, ese modelo a seguir, que estos muchachos buscan desesperadamente. Galliquio ya es un caso terminal. Una verdadera lástima.

Thursday, October 14, 2010

EL PODER DEL FRANCOTIRADOR NACÍA DEL FUSIL

Claudio Cano Paredes


Jaime Bayly ha recibido una sobredosis de su propia medicina. El Francotirador, su programa diario de televisión, ha sido sacado del aire porque resultaba demasiado incómodo a alguien más poderoso que él. Con Enemigos Íntimos, también de Frecuencia Latina, Bayly había hecho lo mismo. Le molestó que Beto Ortiz lo criticara porque había comprado un par de departamentos en una de las zonas más exclusivas de Lima por una millonaria suma de dólares. No contento con eso, persiguió a su Enemigo Público hasta Panamerica Televisión, donde se había refugiado junto a su coanimador, el actor Aldo Miyashiro, y logró que lo despidan.


Con esa forma de actuar, Bayly se mostró como un intolerante de campeonato. Borró con la izquierda lo que había hecho con la derecha. Su candidatura presidencial empezó a ser cuestionada. Sus incondicionales seguidores comenzaron a despertar del ensueño y comprobar que el audaz liberal podía ser abusivo y autoritario.

Pasó a un segundo plano la digna renuncia a su candidatura presidencial por el vientre de alquiler conocido como Cambio Radical, al confirmar que el justiciable Alex Kouri Boumachar sería el postulante a la alcaldía de Lima por esa organización. A Kouri le recordó en su programa las pillerías que había cometido, primero, como alcalde provincial del Callao y, luego, como presidente regional de la provincia constitucional. Y, como la gota de agua que horada la piedra, fue minando esa candidatura.


Mientras la influencia de Bayly crecía, desde algún lugar del Olimpo, Zeus empezaba a preocuparse porque más adelante él podía convertirse en el blanco del Francotirador. Jaime no ignoraba ese hecho , sabía con quién se había metido. Si solo hubiese recordado el castigo a Prometeo.

Bayly quería ser el gobernante de todos los peruanos. Pero tenía un serio problema. Necesitaba un partido, después de su bronca con Cambio Radical. Pensó que la candidatura de Lourdes Flores a la alcaldía de la capital ponía en bandeja su postulación a la presidencia por el PPC. Hizo los contactos pertinentes pero la respuesta fue negativa. El personaje más poderoso de la televisión juró venganza.

La tacha contra Kouri prosperó y Flores Nano se encontró corriendo sola. Pensó, al igual que su equipo de campaña, que se la llevaba fácil. Susana Villarán, izquierdista para mayor desprecio, jamás iba a hacerle sombra porque así lo auguraba el riguroso estudio hecho por una de las empresas de mercado más importantes del país. Pero, ellos no contaban con la astucia de Bayly para pasarle la factura a quien consideraba la principal opositora de su candidatura presidencial por el PPC.

El Francotirador acomodó la mira y empezó a disparar inmisericorde y cotidianamente. Machacó hasta el cansancio que Lourdes Flores no era la candidata de la decencia sino del narcotráfico. Mostró documentos que comprobaban que había sido abogada del rico empresario provinciano César Cataño que, según la policía, era narcotraficante y para más sospecha se había cambiado de apellido. Además, que había seguido cobrando un jugoso sueldo aun después de haber lanzado su candidatura al sillón de Pizarro. El efecto no se hizo esperar.

A la Villarán se le había presentado la virgen. El hombre más temible de la televisión peruana le estaba sacando la mugre a la autodenominada candidata de la decencia. Y tanto fue el cántaro al agua que Lourdes terminó siendo la pequeña Lulu y los limeños empezaron a sumarse al coro de “Susana, Susana... me muero por tu amor”. Bayly había sacado un conejo de su sombrero. Su poder crecía sin medida ni clemencia.

El barco del PPC se hundía. Los roedores empezaron a huir y a hablar de algunas intimidades. El gabinete de mando no podía manejar la crisis, a pesar de que algunos medios, grandes y pequeños, no ocultaban sus simpatías y apoyaban abiertamente a Flores Nano. Durante el día atacaban profusamenta a Fuerza Social y a su candidata, por ser la guarida de senderista, emerretistas y chavistas. Pero el escudo nocturno del superpoderoso, la protegía sobradamente de esos desesperados embates.

Las cifras de las encuestadoras pronosticaban la derrota de Lourdes Flores y el triunfo de Bayly, perdón de Susana Villarán. De muy poco le sirvió haber ganado el último debate, a pocos días de las elecciones, y denunciado que la candidata de Fuerza Social había mentido sobre sus propiedades.

La hora cero confirmó lo que la derecha temía. Villarán aventajaba a Flores Nano en casi todos los distritos. Como el margen era estrecho y había más del 20 por ciento de de actas observadas, esa misma noche, el Francotirador advirtió de un posible fraude. Esa fue la gota que colmó el vaso de agua del divino Zeus, el insoportable amo y señor. Confirmaba que el enertetainer de Frecuencia Latina era un real peligro. El Francotirador convertía en oro todo lo que tocaba.

Y como decía Mao, el poder nace del Fusil. A Jaime Bayly le arrancharon su AKM.

























Monday, October 11, 2010

AL MAESTRO CON CARIÑO

Claudio Cano Paredes

Todos queremos parecernos a quien admiramos, con la misma intensidad que rechazamos a quienes odiamos o despreciamos. A partir de ese anhelo o inquina, seguimos la impronta o nos alejamos de ella. Y eso nos marca la vida, el alma.

Para quienes decidimos ser periodistas y optamos por San Marcos, Manuel Jesús Orbegozo Hernández es y será nuestro referente, una marca indeleble. Los egresados, mayores y jóvenes, lo respetamos, queremos y seguimos.

Como profesor, notable y como periodista, excepcional. Sobre su condición de padre y esposo, mejor que hable la familia – Percy y Erik, sus hijos, y doña Betty, su compañera de toda la vida -.

Tuve el privilegio de ser su alumno y también su subordinado. Pero en ningún momento dejó de ser maestro, un impecable consejero. Sus clases eran las más esperadas porque nos trataba como periodistas. Y eso nos encantó. Nos obligaba a salir de las aulas e ir la calle, a buscar al Tarzán de la Parada o descubrir el submundo del parque Universitario, cuando los gatos y la gatas se adueñan de las bancas y jardines. A conversar con desconocidos hasta que dejen de serlos y después a escribir. Frases cortas y significados inmensos. Verbos fuertes y a los adjetivos se les mira de lejos. Nos ponía como ejemplo de mal uso de los verbos y los adjetivos a un periodista que se creía vedette. Y a partir de sus clases, nos sentimos y nos hicimos reporteros. Los periodistas están en la calle, buscando la noticia.

De regreso a clases, empezaba la fiesta. Entregábamos los escritos e impacientes esperábamos sus opiniones. A los mejores, los elogiaba franciscanamente. Leía en voz alta y decía que si cerraba los ojos veía la escena como si estuviera en el cine de su pueblo, Otuzco. El o la elegida no cabía en su pellejo y el ego se escapaba por la puerta y deambulaba por ciudad universitaria. A los demás, les aconsejaba con cariño y pasión, la manera de usar la palabras y dar en el blanco de la noticia. Pero, jamás un adjetivo descalificador.

Gran narrador de cuentos y aventuras propias y ajenas. El periodismo siempre fue para él una aventura y también una conquista. Gracias a su magia estuvimos con el IRA en Belfast, con Mao en Pekín, con Thatcher en Londres y también en los quintos infiernos. Sentimos hambre y dolor cuando nos contó su paso por Biafra. Alegría por la cercanía con Hemingway o Pelé. Importantes porque hablabamos de Reagan, Gorbachov y Arafat.

Había llegado a Lima la madre Teresa de Calcuta. MJO me pidio que lo acompañara. Vamos a escribir sobre ella. Esta santa mujer ya formaba parte de nuestro círculo de conocidos desde nuestros años universitarios. El había estado con ella en la India, recogiendo despojos humanos agonizantes para que puedan morir dignamente, limpios y en una cama. Fuimos con otro maestro, el fotógrafo José Michilot, a la Parada, por el llamado Tacora, el corazón del Bronx victoriano.

La policía acordonaba los alrededores. Di la vuelta a la manzana mientras Orbegozo convencia a los uniformados que lo dejen pasar. Trepé la pared e ingresé a la congregación. Nunca había visto tanta deformidad junta. Niños, niñas, hombres y mujeres, jóvenes y viejos miserables que las monjitas habían recogido de los basurales. Deambulé y lloré en ese dantesco laberinto humano. Una monja, cetrina con un bebe en brazos, sin nariz y ojos exageradamente grandes como su cabeza, me ordenó que saliera. Obedecí.

MJO estaba en la puerta con Michilot y otros periodistas. La madre Teresa estaba a unos pasos. El maestro se acercó y le dijo que había estado con ella en Calcuta. Yo también me acerqué. Nos impartió su bendición. El maestro le pregunta qué lleva en la bolsa. Ella lo abre y aparece un rosario descomunal, con cuentas de madera. El se lo pide y ella se lo entrega. Lo envidié. La santa mujer entendió mi frustración y me alcanzó una estampa. Hoy ese rosario es el bien más preciado del profesor. Fue una clase magistral.

Han pasado los años y el maestro se ha retirado con mucha pena. Hoy, San Marcos se ha reinvidicado. Lo ha nombrado Profesor Emérito. Hace mucho tiempo que para nosotros, sus alumnos, ya era el más grande de todos.